“En cuanto creo estar a punto de desentrañar alguno de sus misterios más profundos, la India me recuerda que para tamaña empresa hacen falta varias vidas. La desmitificación de este país es algo que no termina nunca. Y precisamente por eso me provoca tanta adicción. La exploración constante, la desconcertrante imprevisibilidad y saber que, cuando menos se espera, se pueden vivir momentos que alterarán la visión del mundo y del lugar que se ocupa en él.” (Sarina Singh, autora de Lonely Planet)

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Surgie d’un univers de légendes, voici l’inde, chargée d’épices et de parfums enivrants. Elle est le continent trésor, l’audelà fabuleux qui évoque l’encens, l’ivoire, les pierres précieuses et l’or; une terre propice aux fantasmagories et aux représentations de toutes sortes. C’est en voulant l’apprivoiser, et sans nul doute la dominer, que les Européens ont fait fausse route et conquis l’Amérique. C’est pour s’en pénétrer que les babas cool des années 1970 ont refait le chemin d’alexandre le Grand. Autan de clichés, d’idées parfois fausses et de mythes éculés. La patrie de Gandhi et Nehru mérite mieux que cet album d’images: l’Inde est encore, et toujours, à découvrir. Elle ne se livre pas; la comprendre demande plus qu’une vie tant elle est pétrie dans la pâte humaine. La nation des classes reste inclassable, et son entrée dans le club des pays émergents dissimule encore une immense complexité. Champion par sa croissance, mais aussi par sa pauvreté, le géant indien manie les violents paradoxes, abrite la douceur de vivre et la misère extrème.

Christian Makarian, l’express

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Raghu Rai

“En los abarrotados bancos se apiñaban los notables de la nación que iba a nacer aquella noche. Las poblaciones que representaban constituían un conglomerado de razas y religiones, de lenguas y culturas cuya diversidad no tenía igual en toda la superficie del Globo. Eran las emanaciones de un país en el que las más altas conquistas espirituales se mezclaban con la más aterradora miseria material; un país cuyas mayores riquezas eran sus paradojas, donde los hombres eran más fértiles que sus campos; un país fanático de Dios y abrumado por calamidades naturales de dimensiones y crueldad sin par; un país cargado de un rico pasado, de un presente incierto, y cuyo futuro se vería comprometido por más problemas de los que jamás había afrontado ninguna otra nación del mundo. Sin embargo, a pesar de todos estos obstáculos, de todos estos males, su India era también uno de los símbolos más vivos y duraderos de la capacidad de los hombres para sobrevivir.”

Esta noche la libertad, Dominique Lapierre y Larry Collins, 1975

El día siguiente porfin llega la boda propiamente dicha. El brahmán que, debe ser madrugador, ha decidido que las 8h30 va a ser la hora propicia para la ceremonia!
Llegamos antes de tiempo, a las 8 en punto (¿donde se ha visto asistir con legañas a una boda?) pero parece que el asunto ya ha empezado… Nada más llegar vemos salir una miniprocesión con música que acompaña a Mani (vestido impecable de blanco con dothie, camisa y turbante cual maharajá) a un pequeño templo perteneciente al recinto.
Después de eso seguirán los rituales en el interior, la pareja se mira cara a cara y se intercambia: guirnaldas de flores, fruta, inicienso, cánticos, collares y anillos de oro, etc… La verdad es que para nosotros resulta dificil entender el significado de todos los rituales, pero resulta curioso y desde luego, intenso.
Entre las invitadas es imposible ver dos saris iguales, casi todos son de seda, rígidos y de todos los colores del pantonario. Solo dos no se dejan ver: el negro y el blanco reservado para las viudas.

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Cabe destacar que Roshini está radiante y que a pesar de llevar el mismo “dresscode” se la distingue como la novia por unos cuantos detalles. Luce un sari de seda marrón, verde y granate (colores tradicionales tamiles) bordado con hilo de oro estrechado en la cintura por un cinturón dorado. En la raya del pelo nace una cadena de brillantes que cae en la frente, siendo la sofisticación del típico polvo rojo que llevan las mujeres casadas. Prácticamente todas las invitadas llevan el pelo trenzado, a veces anudado a cascadas de jazmin, rosas u otras flores. Roshini sin embargo lleva una trenza extremadamente larga decorada con apliques dorados. Sus brazos, manos y pies están tatuados de dibujos sofisticados realizados con henna. Probablemente sea la persona más enjoyada del evento: pendientes, collares, pulseras, brazaletes, tobilleras, anillos…en este caso: menos, no es más!
Lo más similar a nuestras bodas es que al final de la ceremonia arrojamos arroz y pétalos de flor a los novios.
Finalizado todo el “sidral” nos espera la comida que será un thali, el típico plato combinado de la India servido sobre la tradicional hoja de plátano. Se trata de arroz blanco con diferentes salsas y acompañamientos que se suele mezclar haciendo pasteta con las manos.

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La comida estrictamente vegetariana, la total ausencia de alcohol y de fiesta revela una boda muy, pero que muy tradicional. A pesar de no ser lo que esperabamos (Bollywood crea estúpidas espectativas de elefantes, coreografias y demas…) ha sido una muy buena ocasión para conocer un poco más el corazón de la India que tanto nos fascina. Como siempre, los olores a incienso y flores, los sabores de comidas, los colores de saris y joyas, las plegarias religiosas… todo ha sido un regalo para los sentidos! Deseamos muchos años de felicidad para los novios y poderles acoger en Barcelona muy pronto.

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Ya en el aeropuerto y pendiente de saber en que fecha concreta se celebrará el próximo Kumbh-Mela…ya imaginamos nuestro próximo viaje a la India.

Despues de un día de sol intenso (a unos 40 grados en el termometro pero a 50 en nuestra mente mientras recordamos que en España continúa la ola de frío) ponemos rumbo hacia el destino final: the wedding!
Despues de otros tropecientos km en rickshaw y en lo que parece una frágil avioneta llegamos sanos y salvos. En el aeropuerto de Coimbatore recepción “comme il faut”. Nos recoge un chofer con el típico papel de Mr. Luis and Ms Lucia que nos lleva al hotel en el que porfín lo gozamos duchandonos a todo chorro de agua caliente. Descansamos tranquilos, al día siguiente empieza el sarao.A eso de las 12 del mediodia llegamos a la Nitchayathaartham, lo que en España seria: la pedida de mano. La novia rodeada de ofrendas (fruta, sal, flores, arroz..) deja a su familia para formar parte de la de su marido. Es normal que la novia llore, ya que se separa de su madre y pasa a compartir techo con su nuevo marido y la familia de este (pero este no es el caso de Rosh que sonríe en todo momento!).
Mas tarde, recibe un sari de seda de su nueva familia que rápidamente se pone y se decide la hora a la que se celebrará la boda mediante estudios astrológicos y demas rituales. La novia es la total protagonista de este dia, toda la presión recae sobre ella, Mani sin embargo campa a sus anchas entre los invitados…

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Sobre las 6 y media de la tarde volvemos al centro cultural esta vez engalanado con flores y focos. Empieza el Varaverpu: la recepción. Cuales estrellas de cine entramos por una alfombra roja deslumbrados por flashes y grabados en todo momento por cámaras que emiten en directo el acto por internet!
Para la ocasión Lucía no duda en lucir un sari de seda granate. A pesar de haberselo puesto siguiendo un video tutorial de youtube, una amable señora se presta a darle el toque maestro: colocarle un imperdible estratégico. A partir de entonces, Mani y Rosh permanecerán más de 3 horas sonrientes en el escenario recibiendo a todos los invitados y haciendose fotos! Pacientes esperamos nuestro turno, hablamos por fin con la futura pareja. Más tarde nos lanzamos al bufet libre de comida tradicional india acompañados por más amigos internacionales que Mani conoció en su estancia en los EEUU y en España.

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Ya va siendo hora de dirigirse hacia Coimbatore, el lugar donde se celebrará la boda a la que nos han invitado y que ha servido de excusa para arrastrar a Luis a la India otra vez más. Él, que despues de lo sucedido este verano decía que el próximo viaje exótico sería Malgrat de mar, ha sucumbido a la tentadora invitación de su compañero de master Mani. Pero no adelantemos acontecimientos…
Como bien decía, “de camino” decidimos aprovechar hasta el último minuto haciendo parada y fonda en Mamallapuram, un pueblo costero cercano a Chennai. La verdad es que es un destino popular entre los viajeros, de hecho es donde más turistas nos hemos encontrado hasta entonces. Abundan las tiendas de pongos pero la comida (pescado y marisco sobre todo) está riquísima! Despues de una dura noche batallando contra mosquitos sanguinarios decidimos echar una rápida ojeada a los templos (que no nos llaman mucho la atención despues de haber visitado Hampi este verano). El sol abrasador nos hace caer rendidos en la playa disfrutando de un buen aperitivo seguido de un mejor baño en el océano índico!

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Amanecemos en aurangabad y despues de una gloriosa ducha, nos enteramos de que justamente hoy, las cuevas de ellora están cerradas. Es uno de los platos fuertes del viaje que hace tambalear la ruta. Despues de darnos cuenta que la ciudad vale mas bien poco, decidimos descansar y quedarnos un dia mas para ver las cuevas de ellora, declaradas patrimonio mundial. Ya que no hemos enriquecido la vista con la visita, enriquecemos el gusto descubriendo dos platos riquisimos y poco arriesgados: onion pakoda (una especie de aros de cebolla) y kichdi (semola y lentejas salteadas).

A la mañana siguiente, al fin visitamos las cuevas que realmente son impresionantes, nos tiramos tooodo el dia. Lo que mas nos gusta es que no hay nada organizado, y practicanente nadie. Cada cual anda a sus anchas por la ladera de la montaña y descubre de primera mano, mas de 30 cuevas esculpidas directamente de la montaña: jainis, hindus y baudistas. Un dia se iluminaron, y empezaron a picar con cinzel y martillo la montaña. Las mejores las hindus, que ademas estaban plagadas de murciélagos que hacían que nos sintiéramos como unos verdaderos exploradores…Aconsejamos ver las cuevas durante el monzón ya que el paisaje es muuucho más verde que ahora y además se crean unos torrentes de agua, estanques e inclusi una cascada que hacen del yacimiento, un lugar idílico!
Nos encontramos a Rob, un americano que nos recomiendas unas cuevas mas alejadas que no aparecen en la guia. La excursion merece la pena y entre un paisaje bíblico encontramos unas cuevas aún activas donde se pueden ver ofrendas.
Ya de vuelta conocemos a un suizo que llegó a delhi hace dos meses y desde entonces lleva recorriendo el país montado en una bici, increible! Ademas de dejarnos boquiabiertos, nos recomienda un secret spot que dejaremos para el próximo viaje;)

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